Covid en Piura: 365 días de emergencia sanitaria

By on marzo 16, 2021

. A un año de la pandemia, el virus ha dejado más de 3400 muertes y más de 88 mil los contagios. 

. La región ha recibido 4 lotes de vacunas que hacen un total de 32 255 dosis con las que se ha inmunizado al personal de salud.

Al inicio del 2020, Piura veía lejanas las noticias de aquel virus llamado Covid-19 que causaba la muerte de personas en China. Y pese a que el 6 de marzo de ese año, el entonces presidente de la República Martín Vizcarra confirmó el primer caso de Covid-19 en el Perú, la dimensión del sufrimiento que traería la enfermedad superó cualquier expectativa.

Científicos y médicos de todo el mundo ya investigaban sobre el -entonces- nuevo coronavirus y dieron las primeras recomendaciones: usar mascarilla, desinfectarse las manos y evitar el contacto físico con otras personas. Asimismo, los gobiernos empezaron a establecer algunas restricciones para frenar la expansión del virus, pero no fueron suficientes.

La pandemia se desató y en el Perú inició el ascenso súbito de los contagios. En Piura, el 15 de marzo se confirmaron los dos primeros casos de Covid-19. Ese mismo día, Martín Vizcarra anunció que el país acataría una cuarentena de 15 días y ordenó el cierre de las fronteras.

Cerraron los colegios, las iglesias, los bancos y todo tipo de comercios. La orden era no salir de casa. Solo el personal de salud, policías y militares continuaron trabajando. Las actividades económicas se suspendieron sin prever las consecuencias de ello.

Policías y militares controlaban la orden de inmovilidad social obligatoria.
(Foto: Frank Pinedo)

En Piura, el Covid-19 llevó ventaja desde el inicio. El hospital Cayetano Heredia (Essalud), el más importante de la región, solo tenía 5 ventiladores mecánicos. Faltaban pruebas moleculares, equipos de protección personal, camas hospitalarias, camas de cuidados intensivos y, sobre todo, personal de salud.

Para mayo, cuando la cuarentena se prolongaba más y más, el plan para enfrentar la Covid-19 de la Dirección Regional de Salud, elaborado bajo la hipótesis de 700 pacientes contagiados, no funcionó. Funcionarios del Ministerio de Salud concluyeron que la región necesitaba con urgencia más capacidad hospitalaria. Los hospitales empezaron a colapsar. Se tuvo que colocar contenedores en el ex Campo Ferial, frente al hospital Santa Rosa (Minsa), para recibir a los pacientes con síntomas de coronavirus.

Los equipos de protección personal se consumían rápidamente.

La situación fue más crítica cuando empezó a faltar el oxígeno medicinal. Decenas de personas fallecían en sus casas e incluso en la vía pública porque no encontraban cama en los hospitales o por falta de oxígeno, un medicamento que estuvo escaso y tenía un precio elevadísimo.

En medio del dolor de cientos de familias, Piura fue noticia en todo el país porque, mientras unos cargaban pesados balones de oxígeno, otros cargaban cajas de cerveza. Asimismo, cientos de personas eran detenidas a diario por incumplir las medidas preventivas.

Mientras unos hacía fila para conseguir oxígeno, otros lo hacían por cajas de cerveza.

Cuarentena tras cuarentena

Conforme incrementaban los contagios y muertes, se supo que los adultos mayores eran los que tenían menos oportunidad de vivir. En los hospitales se priorizaba la atención al paciente que tenía más posibilidad de superar el virus. Y como era de esperarse, el personal de salud de primera línea también se contagió. La falta de equipos de protección personal provocó que médicos y profesionales de enfermería se infectaran. Asimismo, enfermaron policías y militares.

Mientras el Ejecutivo dictaba cuarentena tras cuarentena, la muerte sorprendía a más hogares. En mayo, Piura padeció una agresiva primera ola del virus. Durante algunas semanas, fallecían hasta 40 personas cada día. Las funerarias no se daban abasto y en los cementerios se construían más nichos. El ambiente era desolador: muchos no pudieron dar el último adiós a sus seres queridos, por estar lejos de casa y no poder regresar.

Entre mayo y junio de 2020, hasta 40 personas fallecían por día.

Y fue por una de las medidas preventivas al inicio de la pandemia, la inmovilidad entre regiones, que miles de personas cumplieron cuarentena lejos de sus hogares, no pudieron regresar a su sitio de origen. De esta manera, visitantes de diversos lugares del país en incluso del extranjero quedaron varados en Piura y viceversa. Fue recién desde julio que pudieron regresar a sus casas.

Con una pandemia que estancó la economía, el Ejecutivo empezó a entregar bonos y canastas de alimentos a las familias más vulnerables. Las municipalidades recibieron presupuesto para dichas compras y Contraloría de la República no tardó en identificar irregularidades. Y antes de finalizar el 2020, el alcalde de Veintiséis de Octubre, Darwin García Marchena, terminó con prisión preventiva tras ser acusado de haber hecho un mal manejo de los recursos destinados a la compra de alimentos.

Darwin García, alcalde de Veintiséis de Octubre, cumple prisión preventiva debido a la compra irregular de canastas.

Frente a la emergencia sanitaria, se implementaron hospitales temporales como las Villas EsSalud Piura y La Videnita; la extensión del hospital Santa Rosa en el Ex Campo Ferial; el hospital Virgen de Fátima en el estadio Campeones del 36 de Sullana y un hospital modular donado por Petroperú a EsSalud en Talara. La capacidad hospitalaria fue incrementándose y la región sumó más de 800 camas hospitalarias. Asimismo, llegaron más ventiladores mecánicos y se habilitaron más camas UCI.

Y ante la falta de oxígeno, iniciaron las campañas solidarias para comprar plantas de oxígeno. La Iglesia asumió la tarea de recaudar fondos y compró plantas de oxígeno. A la par, el Gobierno Regional y los municipios provinciales también empezaron a gestionar la compra de dichas máquinas para sus localidades.

La Conferencia Episcopal hizo posible la compra de una planta de oxígeno para el hospital Cayetano Heredia de EsSalud Piura.

Mientras tanto el personal médico no bajó la guardia, pese a las bajas, se las ingeniaron para salvar vidas. A falta de respiradores mecánicos, crearon las cánulas de alto flujo y usaron snorkels para dar soporte respiratorio a los pacientes críticos de Covid-19.

Paciente de Covid de Chulucanas usa un snorkel para recibir terapia intensiva de oxigenación.

Para setiembre, con la reactivación económica en marcha, el incremento de contagios y muertes empezó a descender. El ánimo mejoró con las noticias sobre vacunas listas contra el Covid-19. El gobierno de Martín Vizcarra inició las negociaciones para la compra de millones de dosis.

Y pese a que en noviembre el país vivió su peor inestabilidad política con la vacancia presidencial y el inicio de un nuevo gobierno liderado por el presidente Francisco Sagasti, la curva de contagios se mantuvo a raya. Sin embargo, en diciembre, las fiestas de Navidad y Año Nuevo fueron la semilla de una segunda ola.

Una vacuna de esperanza

El incumplimiento de las medidas preventivas originó la segunda ola. Nuevamente, fue súbito el incremento de contagios y muertes. Pero esta vez, quedaba una esperanza por la llegada de las vacunas al Perú. Es así que el 7 de febrero llegaron las  primeras 300 mil dosis del laboratorio Sinopharm.

En Piura, un miércoles 10 de febrero llegaron 5453 dosis y al día siguiente empezó la campaña de vacunación. Los médicos y personal de salud de primera línea de atención fueron los primeros protegidos contra el virus. Semanas después llegaron más dosis y continúa la vacunación.

Un total de 5453 dosis de la vacuna china Sinopharm llegaron a Piura el 10 de febrero.
(Foto: Rita García)

Hemos cumplido un año de la pandemia, un año de emergencia sanitaria. El saldo es tremendo. En Piura, 13 médicos piuranos han fallecido a causa del virus, son más de 88 000 contagios y 3400 muertes. Se habla de más, pero aquello será una cifra casi incalculable y dolorosa.